
Un estudio de arquitectura quería presentar una vivienda de líneas mínimas en la que todo, suelos, paredes y techos, iba en microcemento, con paredes curvas y una isla de cocina de acero. En un material tan continuo, un render mal resuelto parece una maqueta de yeso.
La clave fue la textura: le dimos al microcemento sus variaciones de tono y su ligero brillo, y dejamos que la luz rasante de las ventanas lo modelara, sobre todo en las paredes curvas. El acero de la isla y los muebles se trataron con reflejos suaves para no romper la calma del conjunto.
En el exterior, la lámina de agua, el olivo y la vegetación baja sitúan la casa en el paisaje mallorquín sin restarle protagonismo al volumen.
El estudio usó las imágenes para cerrar con su cliente la paleta de materiales y como pieza principal del proyecto en su portfolio.


