
Cuatro fases. La clave está en la tercera: se aprueba una vista previa en baja calidad antes de renderizar en alta, que es cuando los cambios todavía cuestan minutos en lugar de días.
Lo que necesitamos:
No hace falta que el proyecto esté cerrado del todo para pedir presupuesto. El detalle de formatos está en qué archivos necesita un estudio de renders.
Revisamos la documentación y te mandamos precio en firme, desglosado por vista, con plazo y con las rondas de ajuste que incluye cada modalidad. Sin coste y sin compromiso. Si algo del proyecto no está claro, preguntamos antes de presupuestar en lugar de meter un margen de seguridad en el precio.
Con la aceptación y la provisión de fondos inicial, arrancamos.
Esta es la fase que evita los disgustos. Te enviamos imágenes en baja calidad con la cámara, la iluminación, los materiales y el mobiliario ya colocados, para que confirmes que el rumbo es el correcto. Aquí se cambia lo que haga falta: mover la cámara, subir el punto de vista, cambiar el suelo, quitar un mueble.
Cuando das el visto bueno, se lanza el render final. A partir de ese punto los cambios de geometría o encuadre ya no son gratis, y por eso insistimos tanto en que esta fase se mire con calma.
Renderizado en alta calidad, posproducción y entrega. Los archivos finales van en alta resolución, sin marca de agua y con los derechos de uso comercial cedidos, tras el pago de cierre. Se entregan también los recortes de formato que necesites para portal, redes o imprenta.
Si tienes una fecha límite ajustada, dilo al pedir presupuesto: hay margen para reorganizar, pero hay que saberlo antes de empezar, no a mitad.
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