
La promotora tenía una parcela en fuerte pendiente sobre el mar, con viviendas que bajan escalonadas por la ladera. En planos era difícil de entender: el comprador no veía cómo se accede, qué altura tiene cada casa ni qué vista le toca. Hacía falta un material que lo explicara de un vistazo y que vendiera la luz y el mar desde dentro.
Empezamos por dos vistas aéreas, a altura de dron, que enseñan cómo se escalonan las viviendas, la carretera de acceso y la relación con la costa. Una tercera vista, a ras del césped, pone en primer plano la piscina desbordante con el horizonte detrás.
En los interiores, el mar tenía que verse en cada ventana sin quemar la imagen. Equilibramos la exposición entre el interior y el exterior y mantuvimos una paleta constante en todas las estancias (blanco, roble claro y lino) para que las dos tipologías se reconocieran como un mismo proyecto. La planta inferior se planteó como estancia polivalente, amueblada como gimnasio.
Las vistas aéreas resolvieron la pregunta que más se repetía en la oficina de ventas, dónde está cada casa y qué ve, y los interiores trasladaron la sensación de vivir frente al mar antes de empezar la obra.


