
La promotora iba a convertir un antiguo edificio de garaje, con su esquina curva de ladrillo, en viviendas con locales en planta baja y nuevas plantas retranqueadas con terraza. El reto comercial era doble: transmitir que se conservaba el carácter del edificio y, a la vez, vender unas viviendas completamente nuevas por dentro.
En los exteriores respetamos el ladrillo, la carpintería industrial y el rótulo original, e integramos el edificio en la calle con su tráfico, su terraza de bar y sus peatones, para que se reconociera el barrio. El patio interior, que en planos parecía un hueco, se enseñó ajardinado y con los jardines privados de planta baja.
Las terrazas de las plantas nuevas fueron el gran argumento: cuatro vistas distintas con celosías de madera, vegetación colgante y la ciudad de fondo. Dentro, los salones, la cocina y los dormitorios combinan madera, tonos grises y carpintería negra, en línea con el pasado industrial del edificio.
El material permitió contar la historia del edificio sin perder de vista la vivienda nueva: la esquina de ladrillo para el titular de la campaña y las terrazas e interiores para la ficha de cada tipología.


