
Un estudio de arquitectura no necesita que le expliquen su proyecto: necesita tiempo para seguir proyectando mientras otro produce las imágenes. Externalizar las infografías 3D tiene sentido cuando el equipo está en plena entrega de un básico o preparando un concurso y la visualización compite con la documentación técnica. Esta guía resume qué piezas pedir en cada fase, cómo pasar el modelo y qué revisar antes de aprobar.
Por Denys Honcharuk · Publicado el 13 de junio de 2019 · Actualizado el 11 de septiembre de 2026
Cada momento del proyecto pide un tipo de imagen distinto, y conviene no pagar fotorrealismo cuando todavía se está decidiendo la volumetría:
Para ver con más detalle cómo se usan estas piezas fuera del estudio, en venta o en urbanismo, consulta para qué se utilizan las infografías 3D.
Si el proyecto está modelado, pásalo: ahorra la fase de modelado y abarata el encargo. De Revit sirve el RVT o una exportación a FBX de una vista 3D con las fases correctas activadas; de SketchUp, el SKP con las etiquetas ordenadas. Conviene purgar familias y componentes que no se usan y revisar caras invertidas, que dan problemas de sombreado.
Si no hay modelo, basta con plantas, alzados y secciones en DWG con las capas ordenadas, o un PDF acotado. Añade la memoria de materiales y las referencias que tengas: fichas del fabricante de la fachada, del pavimento exterior o de la carpintería. Cuanto menos haya que interpretar, menos rondas de ajuste hacen falta.
Antes de calcular en alta se envían vistas previas en baja resolución. Es el momento de fijar el encuadre, la hora del día y la orientación del sol, la densidad de vegetación y el tono general. Cambiar un punto de vista en esta fase cuesta minutos; cambiarlo sobre la imagen final obliga a recalcular y a rehacer la posproducción.
Un recurso útil es la maqueta blanca: el edificio con un material neutro, sin texturas, que permite juzgar volumen, sombras y proporciones sin que el color distraiga. Muchos estudios la usan también como imagen de concurso por su lectura limpia.

Un cliente final mira si la imagen es bonita. Un arquitecto mira si es correcta, y conviene que el estudio de visualización trabaje con ese mismo nivel de exigencia:
Un render de interior se entrega en 3 o 4 días laborables y uno de exterior en 4 a 7; una planta 3D amueblada, en 2 a 4 días por tipología. Las imágenes se entregan en 4K sin marca de agua, en JPG o PNG, y en TIFF si van a imprenta. Para concursos con plazo muy ajustado, ten en cuenta que las entregas en menos de 72 horas encarecen el trabajo.
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Sí. Lo habitual es usar el modelo para la envolvente y completar a mano lo que falte, como carpinterías detalladas, vegetación o entorno. Conviene indicar qué partes del modelo son definitivas y cuáles pueden cambiar.
Es un render del proyecto con todas las superficies en un material neutro. Se pide para validar volumetría y soleamiento antes de invertir en materiales, y también como imagen final cuando se quiere una lectura abstracta del proyecto.
Sí. Se entregan sin marca de agua y con los derechos de uso comercial cedidos, así que el estudio de arquitectura puede firmarlas y usarlas en paneles, web y publicaciones.